La imagen de las esferas y aguja de un astrolabio giran y se orientan en función del movimiento del espectador/a, y ocupan, como consecuencia de ese movimiento, distintas posiciones. Algunas de ellas ofrecen "en un momento dado" coordenadas que responden a diferentes sonidos e imágenes. Estas coordenadas no permanecen estables, por lo es posible encontrarlas en distintas posiciones, o incluso no encontrarlas. Como buscador que es, este astrolabio sintoniza y amplifica momentos o pasajes que son proyectados mediante sonidos que alguna vez se emitieron y que han sido recogidos por distintas fuentes.
Con el conocimiento actual del Universo se sabe que la Tierra no ocupa ningún lugar privilegiado en el mismo. El Sol, la estrella más brillante desde el punto de vista de la Tierra, sólo es el centro del Sistema Solar. En relación al resto de las estrellas no es más que de una vulgar especie, con un brillo medio, localizada en la esquina de una galaxia común, en un lugar del Universo como otro cualquiera. En su divagar, el Sol se mueve por el espacio en un brazo de la espiral de esa galaxia, arrastrando consigo a los planetas, satélites, cometas y demás objetos del Sistema Solar.
Desde la perspectiva de Astrolab, este engranaje genérico ofrece, en cualquier caso, pequeños -€˜desajustes-€™ que permiten considerar la mecánica celeste como algo más que ciclos perfectos de movimiento. En particular, Astrolab contempla los movimientos de precesión y nutación del eje terrestre como referentes para elaborar su discurso. El cambio de dirección de este eje en su rotación "precesión" lleva parejos otros pequeños movimientos llamados nutaciones, una especie de pequeños remolinos debidos a la influencia de la Luna...
La búsqueda astronómica se convierte entonces en un juego de sintonías y de mutuas influencias, en donde el hecho de ver la luz de una estrella tan sólo significa "y no es poco" que alguna vez nos interpusimos en su camino.