H.D.H. parte del análisis de la percepción y de la posición del espectador/usuario con respecto a la obra y del propio concepto de representación, y señala hacia la codificación cultural como eje del significado de la instalación.
H.D.H. recrea la simulación de procesos naturales basándose tanto en elementos de programación como en las cualidades de elementos físicos reales, señalando así a los límites difusos de lo natural/artificial contemporáneo.
H.D.H., sin perseguir una simulación hiperrealista del mar, construye una evocación sensorial del mismo. Formado por imágenes y sonidos pertenecientes a un orden informático "redes y datos MIDI" invita a que estos elementos sean entendidos tal y como se percibiría un mar verdadero. Más allá de sus capacidades de simulación o evocación, la peculiaridad de H.D.H. es que codifica parámetros y datos de un espacio/tiempo determinado y ajeno "el propio del espacio/tiempo de la instalación", para ofrecer y construir la imagen de un mar auténtico en su abstracción, es decir, una descodificación de esos datos en clave marítima.
Ya que la intervención directa del interactor "con su movimiento o su ausencia" se refleja en los accidentes estructurales y dinámicos de H.D.H., éstos deben ser entendidos como valores de afirmación en medio del ruido o caos. La utilización conjunta de estos datos (el ruido y el no-ruido de la captura) se constituye como el motor de los procesos generativos de este mar peculiar.
La imagen construida convierte al sujeto que mira en espectador, y sitúa la mirada frente a un espectáculo; los eventos de este mar convierten al espectador en interactor, invitándolo a navegar las olas que él mismo genera.